Resignación

“El norte está lejos, lejos de la vida y lejos del mundo”. Domicia pensaba en todas esas cosas que había dejado por el camino, ya no tenía corazón para tanta pena, siguió caminando sin mirar atrás, nunca había que mirar hacia atrás, lo pasado pasado estaba, todo lo que tenía lo llevaba encima, o más bien dentro de ella, seguía adelante con la seguridad que le daba el no poseer nada, nada excepto…, su vida, rota eso sí en mil pedazos, como ese mundo gris y oscuro que planeaba sobre todos los rincones de la tierra, mirase a donde mirase, tomase la dirección que tomase, el paisaje siempre era el mismo, se preguntaba donde en que parte de ella dormía la esperanza, porque por más que buscaba, no la encontraba. Se sentó al borde del camino se sentía cansada, terriblemente cansada y hambrienta, debía buscar un sitio para resguardarse, pronto se haría de noche y estar fuera suponía una sentencia de muerte, el mundo era desde la gran eclosión un lugar incierto, sus ojos vislumbraron una cabaña a lo lejos, Domicia se puso en pie, rogaba porque no tuviese ninguna sorpresa desagradable, los oscuros salían por la noche a cazar y el sol impenitente ya se estaba ocultando sobre la línea del horizonte, al llegar a la puerta la tocó levemente esta se abrió chirriando Domicia entró despacio, quitaba las telarañas, sin duda hacia tiempo que estaba deshabitada, se preguntaba si encontraría algo para comer, caminó hacia la despensa, en su cara se dibujaba una leve e imperceptible sonrisa, había encontrado unas latas de judías y algo de leche, se dispuso a abrirlas, después de comer decidió subir a la parte de arriba, encontró una habitación que parecía estar bastante limpia se acurrucó en la cama y cerró los ojos, tenia demasiado sueño,” las puertas, cierra las puertas Domicia antes de dormir,” pero los párpados le pesaban demasiado…demasiado.

Domicia abrió los ojos, el despertador siempre tan inoportuno, claro que ese día especialmente se alegraba de que sonase, últimamente no tenía mas que sueños desalentadores, tendría que consultar al médico, no conseguía dormir bien y así no rendiría en el trabajo, estaba empezando a preocuparse, Domicia se levantó y miró por la ventana, aquella mañana todo estaba especialmente tranquilo, ¿porqué no había nadie por la calle?, ¿que estaba pasando?… abrió la ventana, un olor ácido se colaba en la habitación, después vino una potente luz acompañada de una explosión, cuando recuperó el sentido, nada era igual a como lo había dejado, corrió escaleras abajo, llamando a voz en grito, lo único que pudo ver escrito sobre el polvo del cristal era una palabra,”Resignación”, Domicia volvió a desmayarse otra vez.

Lisa terminó el cuento y cerró el libro, sin duda había sido un relato inquietante, tenía mucho sueño, dejó el libro sobre la mesita de noche y apagó la luz, debía dormir, le esperaba un día muy duro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Duplicidad

Sus ojos acuosos se abrieron y se llevó la mano al pecho de una forma instintiva, Florencia no recordaba nada de lo que le había pasado, fijó sus ojos en cada detalle, la puerta de madera noble, los doseles de la cama, los cortinones de raso color verde oliva, el taquillón que parecía ser de roble o cerezo, el enorme vestidor y la ventana por donde se filtraba apenas un leve rayo de luz que iba a parar al suelo. Florencia se levanto de la cama con las escasas fuerzas que le quedaban, sus pies apenas si la sostenían, fue apoyándose primero en los doseles y luego posando sus manos frías y temblorosas sobre los muebles, no reconocía nada, aquel lugar le era completamente extraño, es mas tenia la sensación de que era la primera vez en su vida que se encontraba en un sitio tan refinado, de eso si tenia conciencia, pero tal vez…ella no era ella y aquella no era su vida, tal vez estaba viviendo un sueño, uno de esos sueños que a veces imaginaba en su cabeza, cuando estaba en la calle vendiendo flores y pasaban cerca de ella hombres tildadamente vestidos y acicalados y las damas tan etéreas, con esos vestidos de raso y capas de terciopelo, con una magnificencia que parecía sacada de la mejor de las novelas, y allí estaba ella, que apenas si recordaba algo mas que su nombre y sus circunstancias, viviendo ese sueño, rodeada de un lujo que le era totalmente extraño, ajeno, prestado.Sus manos apenas rozaron el grueso cortinón de raso y por debajo se colaron sobre las finas cortinas casi transparentes, cuando consiguió asomarse a la ventana, los jardines que tenia ante sus ojos la dejaron extasiada,  a pesar del cansancio, una sonrisa se esbozo en su cara. Aquellos jardines, ahora si podía reconocerlos, todos los días cuando regresaba de camino a su cueva, como le gustaba llamar al pequeño rincón donde hacia su misera vida,  se paraba delante de la mansión azul, y se quedaba atontada mirando la hermosa fuente situada en el centro del jardín luego se iba alejando,  las letras doradas sobre hierro forjado la llamaban poderosamente la atención, mientras el sol bruñido las hacia brillar intensamente, Florencia no sabia leer, pero conocía de sobra lo que ponía allí, Quimera, ese era el nombre de la mansión azul, la propiedad de Libertad Orduña y Arcadio Morales, los dueños de medio condado, a veces se quedaba sorprendida, mirando a la dueña de la mansión, y el gran parecido que ella guardaba con Libertad Orduña, Florencia era consciente de ese parecido, al observarse en el río, cuando su reflejo le devolvía los rasgos de su cara, sus ojos almendrados, su cabello castaño, con reflejos de color cobre, sus pecas delicadas sobre las mejillas y sus labios carnosos y gruesos, claro que su aspecto desgreñado, la hacia creer que ella estaba a años luz de parecerse realmente algo a aquella mujer tan fastuosa, pero si era cierto que había algo, que se le hacia inmensamente familiar, pero ni en el mejor de sus sueños hubiese imaginado terminar justamente allí, en una habitación de la mansión azul.  La puerta se abrió a sus espaldas y la voz rotunda y grave de Arcadio Morales, la devolvió a la realidad.- Es mejor que vuelvas a la cama, tienes que recuperarte amor, has estado muy enferma y todavía te encuentras muy débil.-  Florencia sintió como las manos suaves y fuertes de ese hombre al que no conocía, la sujetaban con suma delicadeza  y intentaban sacarla de la ventana, se mantenía en silencio, quería decirle que no entendía nada, que no sabia porque la estaba tratando así, quería preguntarle por su esposa la bella Libertad, pero no tuvo tiempo, antes de que Arcadio Morales la girase para dirigirla de nuevo a la cama, sus ojos se quedaron estáticos observando una pordiosera, con el mismo aspecto que tenia ella, agarrada fuertemente a los barrotes de la entrada y con un halo de desesperación en la mirada, cuando se metió bajo las limpias y confortables sabanas de lino, Arcadio Morales le acaricio el cabello y le dio un suave beso en la mejilla.- Descansa amor, descansa.- los ojos de Florencia se fueron cerrando hasta quedar profundamente dormida, tal vez al despertar, todo volviese a la realidad, tal vez, tal vez….

Al otro lado de la puerta de entrada, Libertad Orduña gemía desesperada, no sabia como había llegado a esa situación, quien era la mujer que dormía en su cama y usurpaba su lugar, ella, la dueña de toda la comarca, vestida con harapos y sin poder traspasar las puertas de su casa, de pronto empezó a gritar poseída por un brote de rabia e impotencia,.-ábranme la puerta, abridme la puerta.- Tal era el griterío que estaba armando, que un lacayo salio por la puerta y se dirigió hacia ella.- Sal de aquí pordiosera, vete a armar barullo a otro lado, sino quieres que el señor mande llamar a la autoridad y te desalojen por la fuerza, vete.- Libertad enmudeció y casi se desmaya allí mismo, cayo de rodillas ante la verja, sollozando compulsivamente, fue después arrastrando sus pies mientras la obligaban a alejarse de la entrada de la mansión, casi en un susurro iba pronunciando.- yo soy Libertad Orduña, se que soy Libertad Orduña.- al llegar a un recodo del camino se sentó sobre una piedra, solo quería cerrar los ojos y al despertar vería que tan solo era un sueño, si, estaba segura de que aquello solo era un mal sueño…, o quizás no.

Passion

Llevaba bajo sus faldas un habitad oscuro, donde incurrían sueños y desvarios, los mismos que poblaban su desordenada cabeza, en la noche oscura caminaba alumbrada por el pálido reflejo de la luna blanca y puntillosa que irradiaba su frescor de leche sobre su cuerpo níveo. Passion era de perfil violáceo y grandes ojos color almendra, llevaba en las manos un broche que sujetó con mimo en un momento dado, sobre un pliegue de su vestido. Se escuchaba mientras caminaba, el eco del sonido de sus pasos sobre la hierba mojada, a lo lejos se divisaba una puerta enrejada, al llegar Passion abrió con cautela y el sonido chirriante se dejó oír en el metálico oscuro de la negrura espesa. Passion entro cautelosa, al atravesar las tumbas que cubrían el suelo se fue fijando en las lapidas que desnudas mostraban todas sus susceptibilidades ante ella. Se arrodilló ante una losa mientras de sus ojos sacudido de un fuerte temblor caía una lagrima que fue a parar al frío mármol, un nombre cobijaba aquella soledad, Passion irreverente metió sus manos bajo sus faldas y palpó su sexo oscuro y yermo, pero a la vez ardiente de deseo, se fue excitando y al llegar al clímax cayó exhausta sobre la blanca superficie, sus dedos acariciaron aquella piedra, blanca y lacerante que tanto la había herido, cerro sus ojos y su cuerpo convulsionaba como espasmando. Pasó un instante o tal vez unas horas, Passion se irguió y se quedo mirando un momento aquella lápida, de sus labios brotaron unas palabras.- De que sirve tener la imaginación libre, si tu corazón es una jaula, no volveré a verte…, ya no, quédate ahí y púdrete con este recuerdo, yo solo..,solo quiero vivir…,una vez más.-  Passion fue caminando lentamente, la luz de la luna ya no alumbraba, el cielo parecía querer desmoronarse, mientras ella con la cabeza erguida salio del cementerio cerrando tras de si la puerta chirriante y oxidada, desprendió con rabia el broche en forma de estrella que se había colocado con tanto cuidado y lo tiro a su espalda, mientras con las manos caídas a todo lo largo del cuerpo, se fue introduciendo en el bosque mientras las sombras iban cubriendo sus pasos.

Brumas azules

Con su larga cola azul planeando sobre el suelo mojado y sucio, caminaba con la cabeza baja, el pelo sobre la frente y las manos en suspenso, no había nada, absolutamente nada en el mundo que pudiese sacarla de su patente mimetismo, se sentó al borde de la acera, mientras las ultimas gotas de lluvia seguían cayendo nítidas sobre su cabeza, abrumando quizás todavía mas su alma, encogida dentro de su pecho, se preguntaba como había llegado a este punto, los lobos blancos quedaron a las puertas de Odeón y ella los observaba a lo lejos, retándolos, sin rastro de humanidad en su mirada, oteando desde el fondo de su catalejo oxidado, ya nada podía retenerla en los confines de Odeón, la sangre quedo cuajada en la punta de sus labios, alzo los ojos cuajados de lagrimas estáticas y rígidas, luego se levanto y lanzando un agónico suspiro continuo avanzando, estéril y muda sobre los adoquines que la conducían al final del precipicio, donde solo el vacío se iba a convertir en el dueño de su alma. El viento llegó desde los confines de Assión y Lleda sonrió de manera casi imperceptible mientras extendía los brazos y se dejaba absorber por el cielo oscuro. gris y brumoso, los flecos azules de su vestido ajado volaban en el infinito y ella cerro los ojos, lo único que quería, era descansar…